El Culo del Maestro nació en un
departamento de la Remodelación Paicaví de Concepción una madrugada de 2006. En
aquella ocasión, Pablo Montecino y Oscar Sanzana Silva –sus autores- se
encontraban compartiendo junto a un grupo de amigos. En medio de la música
estridente, el humo y las bebidas, surgió la idea de escribir sobre las
historias que escuchábamos en las calles, bares y carretes.
Pensado en un primer momento como
una revista impresa destinada a circular de mano en mano, El Culo no se
publicaría sino hasta septiembre de 2009 y en formato digital. Sin embargo,
esto no impidió que se hiciera difusión callejera del proyecto desde mucho
antes, sin tener la más puta idea de cuándo vería finalmente la luz. Y claro,
muchas fueron las mañanas, tardes y noches en las que sus autores castigaron
sus hígados, pulmones y neuronas con el objetivo de cuajar la idea. Podemos
decir que valió la pena.
En una entrevista para el diario
electrónico El Concecuente, sus
autores definían de esta forma la publicación: “¿Qué representa El Culo del
Maestro? Leer El Culo debería llegar a ser como colocarse una
línea al comenzar el día. Poco importa si lo lees por las noches. No
pretendemos ser más que una forma literaria para alcanzar el éxtasis,
entendiendo a éste como una necesaria pulsión de trascendencia, de ir más allá,
de atisbar un pedazo del otro lado. Creemos que eso es El Culo”.
Las historias de El Culo del
Maestro tienen como escenario el Gran Concepción: calles húmedas, habitaciones
de viejos edificios cuyo papel mural está suficientemente deteriorado, espejos
rotos en moteles olvidados, borrachos que caminan tambaleantes de madrugada,
fumetas de cualquier esquina, guaridas esparcidas por la ciudad, para beneficio
de quienes buscamos narrar una parte de Concepción que difícilmente formará
parte de alguna historia oficial.
Beban una copa de mal gusto, ¡salud!

...amigos bienvenidos nuevamente...pablo y oscar: porque la razón de ser de la red es compartir, hoy desde colombia, en una pequeña población del valle del cauca: cartago, les leo y disfruto, bebo mi propia copita de mal gusto,,,aaaa,,,no tanto, un gran abrazo, martha
ResponderEliminar