Editoriales





¿Alguien nos librará del horror de todos esos rostros que intentan mancillarnos? Es posible que el asunto ni siquiera radique en si votar o no votar, sino en poder sacudirse toda aquella mierda en colores chillones. En verdad, pocas cosas resultan tan difíciles de creer como esas sonrisas, esos ojos vacíos, esas frases estúpidas, esas trampas absurdas. 

Pareciera como si una bandada de gaviotas hubiese cagado todas esas caras sobre postes del tendido eléctrico, azoteas y avenidas. Y luego dicen que no hay dinero para las cosas realmente necesarias: cómo te educas, dónde vives, qué pasa si te enfermas, qué ocurre si quieres hacer lo que sientes y alguien no te deja porque no es correcto. ¿Es que necesitamos de hermanos mayores? ¿Es que necesitamos de vigilantes? Oh, ya sabemos que todo eso forma parte de una historia muy larga. Y podrida. 

Poder. Están los discursos y siempre podrás ordenar a tu cerebro dejarse seducir por la retórica. O puedes mandarlos a la mierda y dibujar obscenidades sobre los afiches de los candidatos. Puedes rayar un papel e irte a casa creyendo en tu pequeña rebanada de poder. O puedes salir a la calle junto a los de tu tribu y expresar a coro lo que quieres cambiar, y cambiarlo. Tal vez lo único que se pueda sacar en limpio de todo este circo sea la urgencia de que nuestras voces se hagan escuchar. Quizás haya llegado la hora de quitar todos esos carteles y reemplazar el engaño de esas caras horrorosas con la tinta de nuestras utopías. La palabra imposible bien podría ser la mejor excusa de todas. Por nuestra parte, repetimos una misma consigna: ¡a tomarse el mundo, carajo!



Octubre de 2012.






¿Qué tan vivos nos sentimos cada día? Caminamos por la calle envueltos en nuestros asuntos, evitamos la esquina en la que sabemos que el mendigo nos azotará con su sola presencia, creemos que las cosas son como son y poco o nada de lo que hagamos servirá para revertirlo. Tal vez la vida se trate solo de eso: deambular por allí con el peso de una desconfianza a la que nos enseñaron a amar más que a nosotros mismos. Nos hemos separado de todo, de todos. Queremos sentir que existen únicamente nuestras  pobrecitas vidas en el mundo. El resto, que se pudra. 

Echar un vistazo a la historia es como para pegarse un tiro… o dárselo a alguien más. Y abrumados, seguimos viviendo un sueño que pareciera ser el de la muerte en vida, con nuestras conciencias dormidas. Curas y pastores hacen gárgaras con la trampa de la “eternidad”, pero es muy posible que ni siquiera sospechen toda la vida que se esconde detrás de lo que condenan, desde sus respectivos altares. 

Pudiera ser que estas líneas no te parezcan más que un puñado de ideas inconexas y algo delirantes. Eso es exactamente lo que son. Nos gustaría pensar en que un día algo se moverá dentro de nuestras cabezas y acabaremos prendiéndole fuego al corazón de toda esta ilusión. Ya comprenderás por qué tienen tanto éxito las películas de zombies: no hay mejor metáfora para representar en lo que nos hemos convertido. Mientras tanto, el mundo sigue girando y cada vez más rápido. Hoy puede ser el día que siempre soñaste para comenzar a vivir intensamente. A quemar los malditos libros de autoayuda, que las respuestas que buscamos bien podrían estar dentro de nosotros, o en la sobremesa de nuestros vecinos.


Septiembre de 2012.





Desde luego, todos odiamos a aquel tipo o tipa que llega a nuestra casa y se instala a salpicarnos su mierda. No me refiero a los críticos, sino a aquellos que buscan hacer de su desgracia personal una tragedia colectiva. Es evidente que aquellos seres atormentados no comprenden que cada uno tiene trabajo suficiente enfrentándose a diario con sus pesadillas. 

¿Necesita uno la compañía de sus demonios? Mierda, nos gustaría pensar que no. Pero están allí, son tus verdugos y no te dejarán en paz, salvo que intentes volverte santo, realices mucha caridad o te masturbes regularmente. 

Pero estábamos hablando de aquellos salpicadores de mierda profesionales, que intentan alejarnos de la ventura ocultándonos bajo su nube gris. Óiganlo bien: ¡Nosotros escupimos sobre vuestro pesimismo! 

¡Que cada quien haga revolcarse sus penas y demonios dentro de una misma copa, se los sirva con una sonrisa en los labios, y luego eructe de placentero alivio!


Agosto de 2012.





Bien, aquí estamos otra vez. Alguien podría decir que se trata de un nuevo capítulo de El Culo del Maestro. Pero la novela, queridas y queridos culistas, sigue siendo la misma. Desde hoy, tendrán más relatos, poemas, ilustraciones, verdugos, excusas, pesadillas, en fin, todo lo que les gusta de este inmundo pasquín. Hemos querido hacer algo diferente, aunque siempre capturando la respiración de las húmedas calles que frecuentamos. 

Es como plantarse en la barra de un bar del que se tienen gratos recuerdos. Siempre habrá allí algo para uno, o al menos eso queremos pensar cuando entregamos nuestras monedas al cantinero que nos sonríe. Seguimos creyendo en la ciudad invisible a la que todos accedemos andando a tumbos y de madrugada por Concepción. Seguimos creyendo en el tesoro que nos aguarda en la mochila de los vagabundos que merodean calle Prat. Y en quienes piensan que la lucidez es un estado horriblemente aburrido como para tomárselo demasiado en serio.

En fin, que este viaje nos alcance a todos y todas. 

¡El Culo del Maestro ha vuelto, carajo!


Julio de 2012.



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